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El descubrimiento de la penicilina supuso un antes y un después en la historia de la medicina. A día de hoy existen en relación a los antibióticos mitos, pero también realidades y efectos secundarios. En este artículo te contamos algunos de ellos, te revelamos para qué se usan y algunas de sus características.

 

La lucha contra las infecciones 

La era de los antibióticos comienza con el descubrimiento de la penicilina. Pero la batalla del hombre contra las infecciones data desde tiempos remotos.

Existen registros de la Antigüedad que hablan del uso de compuestos derivados de la soya para el tratamiento de afecciones ocasionadas por furúnculos o el carbunco. Incluso del empleo de miel y grasas para tratar heridas infectadas. También de minerales, como la malaquita y la crisocola, o de plantas medicinales como el barbarum. Sin embargo, todos estos compuestos resultaban ser demasiado tóxicos, de manera que si no morías de la infección lo hacías por toxicidad.

Bien entrado ya el siglo XIX (1865), Joseph Lister observaba, en su hospital, que tras el uso de determinados compuestos, como el fenol líquido, para limpiar el material quirúrgico, las heridas, las incisiones, etc., el número de personas fallecidas era mucho menor.

Es en este siglo cuando se empezaron a descubrir, también, numerosas moléculas con acción bactericida. Estas proceden de origen bacteriano, como la piocina, o de origen vegetal, como la optoquina. Pero su toxicidad también hizo que su uso fuera abandonado.

El descubrimiento de la penicilina, por Alexander Fleming en 1928, marcó un hito en la historia de la medicina.

 

¿Qué es y para qué se utiliza un antibiótico?

La penicilina es un antibiótico betalactámico para combatir infecciones de origen bacteriano. La revolución de su descubrimiento se debió principalmente a que no presentaba la toxicidad que tenían las anteriores sustancias.

Hasta la fecha en que apareció, la historia de la existencia del ser humano se marcaba por una corta esperanza de vida. Esto se debía principalmente a que, cualquier herida, por pequeña que fuera y a pesar del uso de otras sustancias (como las que hemos nombrado un poco más arriba), estaba condenada a infectarse y, por ende, a acabar con la vida de la persona.

El antibiótico, como decíamos unas líneas más arriba, se utiliza para hacer frente a las infecciones bacterianas, nunca víricas. Las afecciones que más se suelen atender en Atención Primaria por los médicos de cabecera son en primer lugar las infecciones de garganta, urinarias y bronquitis, pero también la otitis o la neumonía.

 

Los antibióticos

Realidades y efectos secundarios

– Quizás hayas oído hablar de los antibióticos que dan hambre. Parece ser que algunos de ellos alteran la regulación de la hormona de la saciedad (ghrelina). Cuando esto ocurre, el individuo no pierde nunca las ganas de comer, lo que se traduce en obesidad.

– También hay antibióticos que dan sueño. Los antibióticos cuya estructura química son fluoroquinolonas pueden producir la alteración del ciclo sueño-vigilia. Se trata de un grupo de nueva síntesis que se crearon en los años 80 con la intención de ampliar el espectro de acción de las quinolonas y hacer disminuir sus efectos secundarios.

– Su uso continuado compromete su eficacia a corto-largo plazo, ya que se ha visto que las bacterias son capaces de generar resistencia.

– Otra realidad se refleja en los estudios de la vancomicina, un glucopéptido sintetizado por Nocardia orientalis con acción bactericida. Se utiliza en los procesos diarréicos. Y se ha visto que alteran la microbiota intestinal de manera permanente. Elimina las beneficiosas y favorece el crecimiento de las malas, como e.coli o klebsiella.

También hay en los antibióticos mitos como…

– Producen cansancio. Algo más relacionado con el proceso de enfermedad que con la toma de los antibióticos per se.

– Son lo mejor para bajar la fiebre. Los antibióticos combaten las infecciones, y solo a ellas. Para bajar la temperatura debes tomar algún antipirético como el paracetamol.

– Son más efectivos cuando se inyectan. Son igual de efectivos que si se toman por vía oral. Aunque sí es cierto que pueden tener menos efectos secundarios.

– Son mejores los de amplio espectro. La clase de antibiótico que se utiliza depende en gran medida del tipo de infección. Algunas de ellas son causadas por bacterias Gram positivas (Staphylococcus aureus) y otras Gram negativas (Neisseria gonorrhoeae).

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